Marzo 11, 2008...6:51 pm

Françoise Sagan: “Dentro de un mes, dentro de un año” (extracto)

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En una librería mítica de San Diego encontramos una segunda edición argentina de Dans un mois dans un an (1957),tercera novela de la malograda escritora francesa (ver notas aquí y acá)

 

“No hay que ponerse a pensar de esa manera, pues sería como para enloquecerse”
MACBETH, acto II

Capítulo I

Bernard entró en el café, vaciló un instante bajo las miradas de algunos consumidores desfigurados por la luz de neón y se lanzó hacia la cajera. Le gustaban las cajeras de los bares, opulentas, dignas, perdidas en un sueño puntuado de monedas y fósforos. Ella le entregó su ficha sin sonreir, con aire cansado. Eran cerca de las cuatro de la madrugada. La cabina telefónica estaba sucia y el receptor húmedo. Bernard marcó el número de Josée y se dio cuenta de que su marcha forzada a través de París durante toda la noche sólo había llevado a eso: al momento en que estaría lo bastante fatigado para hacer maquinalmente estos movimientos. Por otra parte era estúpido telefonear a una muchacha a las cuatro de la madrugada. Seguramente ella no haría alusión alguna a su grosería, pero este gesto tenía algo de “enfant terrible” que él detestaba. Él no la quería, eso era lo peor, pero deseaba saber qué hacía, y ese pensamiento lo obsesionaba durante todo el día.

Sonó el teléfono. Se apoyó en la pared y metió la mano en el bolsillo para sacar su paquete de cigarrillos. El timbre dejó de sonar y una voz soñolienta de hombre, dijo: “Hola”. En seguida oyó la voz de Josée:

-¿Quien llama?

Bernard se quedó inmóvil, aterrado, temiendo que ella adivinaze que era él, temiendo ser sorprendido, sorprendiéndola. Fue un instante espantoso. Luego sacó la cajetilla del bolsillo y colgó el auricular. Se encontró caminando por los muelles, murmurando groserías. Al mismo tiempo le calmaba una segunda voz que detestaba: “Pero, después de todo, ella nada te debe. Tú no le has pedido nada; es rica, libre y tú no eres su amante oficial”. Pero ya adivinaba en sí mismo esa oleada de tormentos, de inquietudes, esos impulsos hacia el teléfono, esa obsesión que iba a ser su vida en adelante. Había presumido de joven soltero, había hablado con Josée de la vida, de libros, y pasado una noche con ella, todo ello sin darle mayor importancia y con buen gusto; hay que decir que el departamento de Josée se prestaba a ello. Ahora iba a volver a su casa; encontraría su mala novela en desorden sobre su mesa de trabajo y, en su cama, a su esposa dormida. Dormía siempre a aquella hora, con el rostro infantil y rubio vuelto hacia la puerta como si temiera que él no volviera nunca, esperándolo en su sueño como lo esperaba todo el día, ansiosamente (…)

Extraído de “Dentro de un mes, dentro de un año”. Françoise Sagan. 1957. Editorial Sudamericana, Buenos Aires. Segunda edición, 1957.

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