Marzo 2, 2008...1:40 am

BOB DYLAN DESCLASIFICADO

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Este 11 de marzo, el compositor se presenta en Chile. Y a diferencia de su anterior visita, hoy sus fans cuentan con discos, películas y libros que recorren los hitos de su vida. Dylan ya no quiere jugar al misterio. Después de todo, la única manera de que sobreviviera su obra y no su mito era desclasificándose.

 

*Por J.C. Ramírez Figueroa

Hace una década, Bob Dylan aterrizó en Chile por primera vez. Era la sorpresiva escala sudamericana de su Neverending Tour, la famosa gira interminable y que ahora lo vuelve a traer al país este 11 de marzo, al Arena Santiago. Con rostro de piedra, empuñando su guitarra eléctrica y vestido como si se hubiese fugado de un western, Dylan comenzó a deconstruir sus canciones en el teatro Caupolicán, sin saludar siquiera, un 15 de abril de 1998.

Esa noche, ante un teatro repleto, había que ser muy “dylanita” -como se denominan sus fans duros- para identificar a la primera “Tangled Up In Blue” o “Just Like A Woman”. Después se fue al hotel, sin hablar con nadie: la comida se la dejaban en una pieza contigua y él iba a buscarla sólo al asegurarse de que el botones se había marchado. No dio entrevistas ni se dejó ver, aunque se dice que viajó a Valparaíso junto a su comitiva, señalando que “me encantaría volver pronto”. Aunque su encargado de prensa no desmintió ni confirmó nada.

La anécdota ilustra perfectamente la transición de mito a hiperventilada celebridad vivida por el músico estadounidense aquel año. Meses antes había grabado el extraordinario Time Out Mind (1997) e inmediatamente después fue internado de una grave enfermedad cardiaca. Se trataba de una pericarditis, inflamación de la membraba del corazón que impide que lata correctamente y que impedía la normal respiración. Pero Dylan, impredecible como siempre, se recuperó rápidamente y editó finalmente su álbum, cuyo tema de fondo era precisa y curiosamente a la muerte.

A la altura de su monumental trilogía de grabaciones de mediados de los sesentas -Bringing it all back home, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde- el disco disparó a Dylan a un nuevo “estado de gracia”. Después vendría su comentado show frente a Juan Pablo II, la aparición en la serie “Dharma y Greg”, la oficialización del disco pirata Live 1966 (1998) y una decena de reediciones, documentales y libros que lo resucitarían a una celebridad cuya pérdida en los ‘80 había motivado, precisamente, esta gira sin fin.

La fiebre dylaniana continuó con el documental de Scorsese, su elogiada autobiografía, un publicitado show radial donde programó mucho blues, hip-hop e incluso a Blur, y suma y sigue con la edición de una antología (llamada simplemente Dylan), la película Im not there (2007) donde varios actores lo encarnan y el DVD de sus shows en el festival folk de Newport entre 1963 y 1965.

Tanta información es, probablemente un gesto deliberado de Dylan por escapar a la canonización de sus fans. Aunque su historia era relativamente conocida -muchacho judío que se instala en Nueva York y electrifica el rock para luego reinventarse cada cierto tiempo-, lo que impacta es constatarlo en los videos, discos y entrevistas que se ha dignado dar.

Los Archivos desclasificados de Dylan que presentaremos a continuación, pueden leerse como una desmitificación. Un proceso que junto a la eterna reconstrucción de las canciones en el escenario, es la única forma que su obra de músico e investigador de las raíces estadounidenses funcione e inspire como desde hace casi medio siglo.

1. EL PRIMER INVIERNO DEL RESTO DE SU VIDA

Antes de llegar a Nueva York haciendo autostop, el joven Robert Allen Zimmerman, su nombre original, pasó la Navidad solo. Los padres de Bonnie, su novia, no lo dejaron pasar las fiestas junto a ellos, en Minnesota.

“Recuerdo lo desconcertado que estaba él y lo enfadada que me sentía yo, y toda mi vida me he arrepentido de no haberme mantenido firme frente a mis padres”, señalaría Bonnie muchísimo tiempo después.

Tras una parada en Chicago, donde cayó rendido ante la rabiosa pero elegante lírica de Pete Seeger, Dylan llegó a Nueva York, un invierno especialmente crudo, con temperaturas bajo cero y sin conocer a nadie. Aprovechando su menuda contextura, look inocente y una enfermiza tendencia a la mitomanía (cambiaba de identidad, biografía y hasta de nombre demasiado seguido), consiguió alojamiento en sillones y sótanos en casas de músicos folk neoyorkinos. Se dice que hasta hoy le encanta dormir en sillones.

Tocaba en cafés y bares, escribía mientras miraba a la gente y pasaba jornadas enteras en las bibliotecas investigando, con pasión de recopilador, la música estadounidense pre-rock and roll.

Hasta que lo comprendió todo: “Lo que realmente me distinguía de los demás era mi repertorio. Era mejor que el del resto de los cantantes de café. Consistía en auténticas canciones folk, sin concesiones, con la base de un rasgueo incesante y estridente. O acababa ahuyentando a la gente o despertaba en ellos una curiosidad que los impulsaba a acercarse más aún para ver de qué iba ese rollo. No había punto medio”, confiesa en su autobiografía, disponible en español, en las librerías chilenas desde el año pasado.

Archivos: El libro “Bob Dylan. La Biografía”, de Howard Sounes (2001), de editorial Sudamericana y su autobiografía “Crónicas. Volumen 1″ (2005), de Global Rhythm Press.

También el disco “The Bootleg Series, Vol. 6: Bob Dylan Live 1964, Concert at Philharmonic Hall” (2004).

 

2. BLASFEMIA EN EL FESTIVAL FOLK

 

 

Bob Dylan era el niño mimado de la canción folk. Sus discos The Freewhellin’Bob Dylan (1963) y The Times There Are A-Changing (1964) habían impactado profundamente la música popular estadounidense. Letras rabiosas y economía de recursos. “Vengan padres y madres de todo el país/ Y no critiquen lo que no entienden/ Sus hijos e hijas ya no están bajo su control/ Porque los tiempos están cambiando”, bramaba mientras rasgueaba las cuerdas y golpeaba el cuerpo de la guitarra con los dedos. Los Beatles acusaron recibo, especialmente Lennon, que reconocería su influencia desde el Beatles For Sale (1964). Sin embargo, en su show de 1965 subió junto a The Hawks, una banda de blues canadiense, tocando unas ruidosas versiones de “Maggies Farm” y “Like a Rolling Stone”, con un demencial trabajo de guitarras de Mike Bloomfield. La gente empezó a pifiar. Dylan se marchó del escenario. Pete Seeger señaló: “Si tuviera un hacha, cortaría el cable”. Finalmente, Dylan volvió visiblemente afectado. No lloró como dice el mito, pero sí señaló en una fiesta posfestival: “No puedo bailar contigo, me arden las manos”, tras volver al escenario y cerrar con “It´s all over now Baby Blue usando la guitarra acústica de Johnny Cash. Sin embargo, esta acción de arte fue la que marcó el nacimiento del folk-rock y su poco valorado rol de investigador y recopilador de las raíces de la música estadounidense.

Archivos: El DVD “The Other Side of the Mirror: Bob Dylan at Newport Folk Festival 1963-1965″, recién editado por Sony Music.

3. TRAICIONANDO A LOS FANS Y EN ESTADO DE GRACIA

 


Se dice que tenía los dientes amarillentos y ni siquiera se bañaba. Se pasaba en el Hotel Chelsea escribiendo y tomando estimulantes, abrazando el surrealismo en lugar de las letras directas. Obsesionado por lograr el “delgado sonido de mercurio” y componiendo sus discos en el mismo estudio, mientras sus músicos jugaban a los naipes, Dylan gozaba de un notable “estado de gracia”. Un equipo dirigido por D.A. Pennebacker se dedicó a grabarlo durante las giras inglesas del 65 y 66, capturando una alcohólica conversación en limusina con John Lennon. El éxito de “Like a Rolling Stone” no evitó que el público lo pifiara e incluso amenazara con matarlo, por traicionar al folk. “Sin embargo, cuando tocábamos ese hit, la gente dejaba de gritarnos. Cuando terminábamos, comenzaban las pifias nuevamente”, explicaba uno de sus músicos. En Manchester, Inglaterra, tras un sublime set acústico, precisamente antes de empezar esta canción, un inglés lo trató de Judas. Dylan le respondió: “No te creo”. El episodio quedó registrado en una grabación pirata.

Archivos: El disco doble “The Bootleg Series, vol. 4, Bob Dylan Live, 1966: The Royal Albert Hall Concert” (1998) y los DVD “No Direction Home”, de Martin Scorsese (2005) y “Dont Look Back”, de D.A Pennebaker (2007). La escena con Lennon se puede ver Youtube acá.

 

4. EXPLORANDO LAS RAÍCES

En 1966, Dylan tuvo un accidente en moto. Se retiró al campo junto a su esposa y empezó a grabar usando otra voz, volcándose al country. La revista Rolling Stone califica su disco Self Portrait (1970) de “mierda absoluta”. Mientras tanto, él ensaya junto a los ex Hawks en una casa estudio, donde también se habían mudado. Ahora se llaman The Band, y Dylan es una especie de padre espiritual. En estos años, el músico le saca brillo a su vocación de investigador musical y en 1978 Scorsese lo siguió durante la gira de despedida de The Band, Dylan ya era todo un recopilador, que mezclaba reggae, funk, rancheras y mucho blues.

Luego vendría su trilogía cristiana, en la que exploró el gospel. Más tarde, en 1988, se volcaría al rockabilly y al pop pre-Beatles junto a Roy Orbison, George Harrison, Tom Petty y Jeff Lyne, formando The Treaveling Wilburys.

Archivos: El libro “Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera”, de Sam Shepard, Anagrama. También el DVD “The Last Waltz”, de Martin Scorsese (reedición 2002), y los discos “Bob Dylan Live 1975: Rolling Thunder Review” (2002) y “The Travelling Wilburys Collection”, Rhino Records (2007).

 

5. ¿LOS PRÓXIMOS ARCHIVOS?

Estamos a la espera del estreno de la película sobre Dylan “Im not there” de Todd Haynes. La actriz Cate Blanchett postula al Oscar por su rol de Dylan modelo 66 en este film. (Ojo que la banda sonora de la cinta, que consiste en versiones de hits a cargo de bandas indies, es excelente).

Y la siguiente pregunta es ¿cuál será la próxima sorpresa de Bob? Es muy probable que sea una revaloración de su “trilogía cristiana”.

A fines de los 70, tras una profunda crisis personal, Dylan señaló que el mismo Jesús le tocó el hombro y le preguntó: “¿Por qué te me resistes?”.

A pesar del escándalo -tan intenso como cuando se volvió eléctrico-, publicaciones como la Rolling Stone apoyaron su cambio. Durante esa época Dylan predicaba, evitaba tocar hits y llegaba a momentos de intenso dramatismo en el escenario.

En esa etapa grabó los discos Slow Train Coming (1979), Saved (1980) y Shot of Love (1981). Incluso ganó un Grammy por el disco-gospel Gotta Serve Somebody.

¿Escucharemos sus míticas grabaciones, en las que explica que para llegar a Dios hay que pasar a través de Cristo?

 

 

Su show en Chile

Lugar: Arena Santiago

Fecha: 11 de marzo, 21.00 horas.

Precios: De 15.000 a 120.000 pesos. (Según Fenix, la productora, quedan 5.000 entradas).

Más informaciones: www.puntoticket.com

 

 

 

*Publicado en Artes y Letras de El Mercurio. Domingo 24 de marzo 2008.

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